Como cuando te enteras que todos los días pueden ser viernes

Por: Cristina Wabi

El duelo es un proceso por el que cualquier persona pasa después de vivenciar una pérdida (término de una relación, divorcio, pérdida del trabajo, muerte, etc.). Lo que se logra al superar el duelo es un periodo de adaptación emocional y una nueva y mejor forma de ver la situación en la cual nos encontramos.

Mientras en nuestro entorno laboral no pasamos por un proceso de duelo tal cual, sí llegamos a experimentar muchos de los estados y emociones que son característicos del duelo. Lo que yo propongo en este artículo es encontrar esa nueva forma de ver el entorno que nos ayudará a disfrutar el día a día.

La primera etapa de duelo es la negación. En el trabajo se presenta más frecuentemente de lo que nos gustaría admitir. ¿Quién no tiene una torre de pendientes sumamente importantes y hace todo menos cumplir dichos pendientes? Simplemente a veces preferimos ignorarlos, olvidarlos, omitirlos. No existen.

Al día siguiente te enteras que el/la compañero que sea hace pasar por perfecto (en todas las oficinas hay una persona así; si en tu oficina no hay una, entonces esa eres tú) obviamente ya casi concluye con todo lo que tiene que hacer antes del fin de semana. Bienvenidos a la segunda etapa de duelo: ira. “Maldita Paquita siempre queriendo ser el centro de atención y la perfecta. Se cree mucho. Mucho.” Entonces te cae mal esta persona (la odias, no fijas) y deseas que todo lo que ha hecho esté mal mientras tu ves Netflix al lado de tu torre de pendientes.

Con suerte la película/serie que veías te inspiró a ser igual que el protagonista y te prometes que mañana vas a ser el trabajador ideal. Entonces pasas a la etapa de negociación y piensas: “Bueno, ya disfruté, ahora toca aplicarse. Mañana voy a llegar temprano, voy a llevarle a mi jefe un café para que note la persona tan considerada que soy en vez de notar mis pendientes no realizados, voy a ser productivo, y en la noche regreso a disfrutar Netflix”. Todo mundo contento, la negociación esta hecha, todo va a salir bien.

Sin embargo, poco después entramos al estado de depresión, o como suele conocerse más cotidianamente: lunes. Inicio de semana, Paquita ya se acabó el café, hay una nueva torre… De regreso a la primera etapa.

De vez en cuando, un rayo de luz se asoma y nos damos cuenta que no todo es tan horrible y que la vida puede ser bella. La etapa de aceptación, el día de paga, la vez que tu jefe te felicita por tu trabajo. Ese es el día en el que todo cobra sentido. De repente pensamos en que todo el esfuerzo que tanto nos quejamos que debemos poder en la semana en realidad vale la pena. Con la mente mas clara, nos damos cuenta que si el esfuerzo de jueves y viernes lo compartimos con lunes, martes y viernes, todo sería más fácil. Ese día te sientes feliz y orgullosa de una quincena más sin que te hayan despedido.

¿Qué pasaría si achocamos unos momentos de aceptación TODOS LOS DÍAS? ¿Qué cambiaría en nosotros si en vez de esforzarnos en quejarnos, nos enfocamos en mirar hacia adelante, hacia la meta, hacia la satisfacción personal y profesional? La respuesta a estas preguntas es que disfrutarías tu trabajo todos los días, los pensamientos positivos te harán sentir mucho más liviana y menos estresada, pero sobretodo lograrías reconocer todos los días el valor e impacto que tu trabajo tiene en el lugar donde trabajar y te sentirías orgulloso/a. Además de que le harías la competencia a Paquita y será ella la que piense que te crees mucho, porque sabes que haces y eres mucho.

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